Ernesto Asch

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"Su obra se caracteriza, principalmente, por una fuerte y contundente visión expresionista de la figura humana, imbuida en contextos abstractos de gran potencia cromática"

Reinier Rodríguez Ferguson

Quimeras, seducciones y otros desenfrenos

El expresionismo encuentra su fundamento en Europa a finales del siglo XIX, cuando las investigaciones sobre la condición psicológica del humano se colocan como centro de amplios debates científicos, filosóficos y estéticos. Ernesto Asch se inscribe como un heredero frenético de esa tradición. Pero también del Caribe centroamericano que desde Costa Rica, le obsequia la iridiscente paleta del trópico y el trasfondo cultural de personajes que desde su subconsciente claman por materializarse en lienzo o en papel.

Su obra se caracteriza por una fuerte y contundente visión expresionista de la figura humana, imbuida en contextos abstractos de gran potencia cromática.  Su lenguaje visual, encuentra en los elementos disociados del rostro, en especial el ojo y la boca, el objeto desde el cual proyecta estados emocionales que van desde la tranquilidad hasta la perturbación, utilizando una estética caótica para comunicar su mensaje.  Apasionado por los contrastes, ha experimentado tanto el impacto de la tonalidad pura sobre fondos negros, como de manera inversa, el uso del negro como instrumento unificador sobre fondos claros.

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Obras en Exhibición

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Con honestidad, sus pinturas no reniegan los reflejos del pasado que han influido en su producción.  Su pincelada contundente puede recordar la desenfrenada pasión de un De Kooning, y la composición sostenida por una estructura de trazos curvos nos recuerda el auténtico dinamismo de Gustav Friedman.  Pero lo que hace de sus obras auténticas consignaciones complejas de su intelecto es la implacable energía colorista de sus pinturas. Hacia la primera década de 2000 sus pinturas y dibujos tendían hacia el autorretrato;  pero su experiencia de vida ha transformado aquellas estilizaciones de su autopercepción, en explosivas proyecciones de un alter-ego múltiple en el que todo un comité de emociones se congrega para escribir las actas visuales de ese consejo de fieras interiores. Sombras de su mente que en ocasiones consiguen proyectarse como personajes de cuentos que navegan entre la travesura y la brutalidad

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Uno de los personajes más distintivos de su bestiario de cavilaciones es el bandido Tío Conejo. Ese intrigante representante de la picaresca latinoamericana, adquiere en la obra de Ernesto unas connotaciones profundas en el ámbito de la proyección de los temores ocultos en lo más profundo de su mundo interior.  

Tío Conejo abre la puerta a un amplio panorama de profundidades emocionales, que van adquiriendo perfiles específicos. Muy particularmente, la sensualidad recibe un tratamiento muy especial en sus obras.  Los tópicos de la mujer y el erotismo se despliegan sublimes en muchas de sus composiciones, y de manera tan natural que su presencia adquiere una visible elegancia en cuerpos abstraídos, minimizados a los elementos fundamentales.

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Asch no intenta reflejar la potencia de la desnudez, como haría Lucien Freud, ni la deformación instigadora de Francis Bacon.  Su lenguaje es diferente. Recurre al brochazo y un organizado sistema de símbolos propios para hacer explícita su fascinación por la mujer. Librado de convencionalismos sociales, trata al sexo y sus voluptuosidades con la mayor naturalidad. Así, bajo manchas de color permite percibir la tensión tras la atracción, y ese forcejeo constante - freudiano - entre deseo, represión y desenfreno.  

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A las quimeras de su entelequia, funde espontáneamente signos que se refieren a su vida personal. La incorporación del cinco asalta sus obras de manera discreta pero constante. Cinco elementos similares, sean estos puntas, pestañas, espinas, incluso cinco manchas sin motivo aparente, identifica a los cinco hijos que ha tenido.

Otro de sus símbolos recurrentes es el ojo, pero no se trata solo del que mira desde una cara transfigurada. El ojo aparece también como una ventana de apreciación al universo interior de las emociones, y se formula como un símbolo con múltiples significados, un comodín que según su ubicación en el cuadro se puede vincular con la pertenencia, el eros e incluso el desdén. 

3 Ya casi no te recuerdo- memorias de un

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Es interesante ver cómo la obra de este artista inicialmente formado como diseñador gráfico, logra soltar bellamente el rigor geométrico que podría asociarse con su profesión, y consigue liberar sobre la tela y el papel, los ángeles y demonios que entrañan su historia personal.  Es allí, en su particular y original manera de ordenar el desorden, en donde se encuentra el clímax de su trabajo plástico, que merece mucho la pena ser apreciado

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Obras Digitales

El trabajo de Ernesto trasciende los soportes tradicionales, y expande su horizonte como un prometedor talento en el ámbito digital, medio con el que se identifica no solo como profesional del diseño sino también como artista.  Asch utiliza el tablet gráfico y el pen con la misma soltura y naturalidad como lo hace con pinceles sobre un lienzo. No hay un estilo diferente, es otra herramienta que utiliza para expresar sus reflexiones y emociones.