Ernesto Asch

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"Su obra se caracteriza, principalmente, por una fuerte y contundente visión expresionista de la figura humana, imbuida en contextos abstractos de gran potencia cromática.  Su lenguaje visual, encuentra en los elementos disociados del rostro, en especial el ojo y la boca, el objeto desde el cual proyecta estados emocionales que van desde la tranquilidad hasta la perturbación, utilizando una estética caótica para comunicar su mensaje.  Apasionado por los contrastes fuertes, ha experimentado tanto el impacto de la tonalidad pura sobre fondos negros, como de manera inversa, el uso del negro como instrumento unificador sobre fondos claros."

Quimeras, seducciones y otros desenfrenos

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Hacia la primera década de 2000 sus pinturas y dibujos tendían hacia el autorretrato;  pero su experiencia de vida ha transformado aquellas estilizaciones de su autopercepción, en explosivas proyecciones de un alter-ego múltiple en el que todo un comité de emociones se congrega para escribir las actas visuales de ese consejo de fieras interiores. Sombras de su mente que en ocasiones consiguen proyectarse como personajes de cuentos que navegan entre la travesura y la brutalidad

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Tío Conejo abre la puerta a un amplio panorama de profundidades emocionales, que van adquiriendo perfiles específicos. Muy particularmente, la sensualidad recibe un tratamiento muy especial en sus obras.  Los tópicos de la mujer y el erotismo se despliegan sublimes en muchas de sus composiciones, y de manera tan natural que su presencia adquiere una visible elegancia en cuerpos abstraídos, minimizados a los elementos fundamentales.

3 Ya casi no te recuerdo- memorias de un

Asch no intenta reflejar la potencia de la desnudez, como haría Lucien Freud, ni la deformación instigadora de Francis Bacon.  Su lenguaje es diferente. Recurre al brochazo y un organizado sistema de símbolos propios para hacer explícita su fascinación por la mujer. Librado de convencionalismos sociales, trata al sexo y sus voluptuosidades con la mayor naturalidad. Así, bajo manchas de color permite percibir la tensión tras la atracción, y ese forcejeo constante - freudiano - entre deseo, represión y desenfreno.  

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Desde que se consolidaron a inicios del siglo XX, las corrientes expresionistas en las artes han evolucionado a partir del entendimiento del arte como una manera de colocar ante el público las más genuinas  emociones del individuo.  La historia del arte ha validado la capacidad comunicativa de estos movimientos desde el impacto perceptual que en el observador generan los elementos de la composición, sin que necesariamente traten de construir un imitación figurativa absoluta de los afectos, pasiones y aflicciones que mueven al artista, y lo motivan a explotar sus cargas emocionales con el color y la forma.