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Ernesto Asch

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Dentro del expresionismo, que encuentra su fundamento a finales del siglo XIX y en las investigaciones que colocaron la condición psicológica del humano como centro de amplios debates filosóficos y científicos, Ernesto Asch se inscribe como un heredero frenético, tanto del amplio espacio de occidente como del Caribe centroamericano que desde Costa Rica, le obsequia la iridiscente paleta del trópico y el trasfondo cultural de personajes que desde su subconsciente claman por materializarse en lienzo o en papel.

"Su obra se caracteriza, principalmente, por una fuerte y contundente visión expresionista de la figura humana, imbuida en contextos abstractos de gran potencia cromática.  Su lenguaje visual, encuentra en los elementos disociados del rostro, en especial el ojo y la boca, el objeto desde el cual proyecta estados emocionales que van desde la tranquilidad hasta la perturbación, utilizando una estética caótica para comunicar su mensaje.  Apasionado por los contrastes fuertes, ha experimentado tanto el impacto de la tonalidad pura sobre fondos negros, como de manera inversa, el uso del negro como instrumento unificador sobre fondos claros."

Quimeras, seducciones y otros desenfrenos

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Con honestidad, sus pinturas no reniegan los reflejos del pasado que han influido en su producción.  Su pincelada contundente puede recordar la desenfrenada pasión de un De Kooning, y la composición sostenida por una estructura de trazos curvos nos recuerda el auténtico dinamismo de Gustav Friedman.  Pero lo que hace de sus obras auténticas consignaciones complejas de su intelecto es la implacable energía colorista de sus pinturas.

Hacia la primera década de 2000 sus pinturas y dibujos tendían hacia el autorretrato;  pero su experiencia de vida ha transformado aquellas estilizaciones de su autopercepción, en explosivas proyecciones de un alter-ego múltiple en el que todo un comité de emociones se congrega para escribir las actas visuales de ese consejo de fieras interiores. Sombras de su mente que en ocasiones consiguen proyectarse como personajes de cuentos que navegan entre la travesura y la brutalidad

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Uno de los personajes más distintivos de su bestiario de cavilaciones es 

el bandido Tío Conejo. Ese intrigante representante de la picaresca latinoamericana, adquiere